Mostrando entradas con la etiqueta MOTIVACION. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MOTIVACION. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de agosto de 2016

LA BOTELLA

La botella


Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: "Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar".

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua... ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca... o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?



Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia... Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosa mente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: "Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente".

¿Cuántas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto pues éste demandará de una inversión de tiempo, dinero, preparación y conocimiento?. ¿Cuántos se han quedado parados satisfaciéndose con los resultados mediocres?.
Unas pocas veces en la vida se nos presentan “oportunidades bellísimas” que pueden ayudarnos a ser mejores personas, o abrirnos nuevas puertas que nos conducen a un mundo mejor. Pero quizás siempre tememos, en vez de entregarnos y confiar, nos frenamos a nosotros mismos quedándonos inmóviles delante del camino porque las dudas y nuestra inseguridad nos paraliza, y tomamos así sólo un poquito de la vida, casi insuficiente, cuando si venciéramos nuestros miedos y temores, tendríamos a nuestro alcance toda la fuente para tomar todo lo que deseásemos.

sábado, 11 de julio de 2015

TANTO PARA APRENDER

               "No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian,                 sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje."
                                                                                          Aristóteles

Aprendí que la mayoría de las cosas por las que me preocupo nunca suceden.
Aprendí que cada logro alguna vez fue considerado imposible.
Aprendí que nada del valor se obtiene sin esfuerzo.
Aprendí que la expectativa es con frecuencia mejor que el suceso en sí.
Aprendí que aun cuando tengo molestias, no necesito ser una molestia.
Aprendí que nunca hay que dormirse sin resolver una discusión pendiente.
Aprendí que no debemos mirar atrás, excepto para aprender.
Aprendí que cuando alguien aclara que se trata de principios y no de dinero, por lo general se trata de dinero.
Aprendí que hay que luchar por las cosas en las que creemos.
Aprendí que las personas son tan felices como deciden serlo.
Aprendí que la mejor y más rápida manera de apreciar a otras personas es tratar de hacer su trabajo.
Aprendí que los días pueden ser largos, pero la vida es corta.
Aprendí que si tu vida está libre de fracasos, es porque no has arriesgado lo suficiente.
Aprendí que es bueno estar satisfecho con lo que tenemos, pero nunca con lo que somos.
Aprendí que podemos ganar un centavo en forma deshonesta, pero más tarde este nos costará una fortuna.
Aprendí que debo ganar el dinero antes de gastarlo.
Aprendí que debemos apreciar a nuetros hijos por lo que son y no por lo que deseamos que sean.
Aprendí que el odio es como el ácido: destruye el recipiente que lo contiene.
Aprendí que planear una venganza sólo permite que las personas que nos hirieron lo hagan por más tiempo.
Aprendí que las personas tienen tanta prisa por lograr una "buena vida" que con frecuencia la vida pasa a su lado y no la ven.
Aprendí a no dejar de mirar hacia el futuro; que todavía hay muchos buenos libros para leer, puestas de sol que ver, amigos que visitar, gente a quien amar y viejos perros con quienes pasear.
Aprendí que todavía tengo mucho que aprender.


Extraido del libro "La culpa es de la vaca"

EMPUJA LA VACA

                                            "Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en 
                                              cambiarse a sí mismo."
                                                                                   Alexei Tolstoi 

Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.

La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:

- En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?

El hombre respondió calmadamente:

- Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:

- ¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!

El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencia absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.

Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual le preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.

Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:

- ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?

Emocionado, el hombre le respondió:

- Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.

Esta es la realidad de lo que se ha llamado zona de confort. Estamos tan conformes con el estado de cosas que nos rodea que no desarrollamos otras posibilidades. Sólo necesitamos un evento sorpresivo para darnos cuenta de que la seguridad puede ser nuestra peor consejera y de que nos impide ver el horizonte.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"

viernes, 10 de julio de 2015

EL COLECCIONISTA DE INSULTOS

En los días que corren es conveniente cederle un espacio a esta alegoría budista que transcribe Paulo Coelho y que hará pensar a muchos.

Cerca de Tokio vivía un gran samuray, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samuray, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible por sacarlo de casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionado por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:
- ¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samuray repuso:
- Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
- Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.
- Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos -añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos: somos los únicos responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"

EL PERRITO COJO

                              "Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de                                 nuestra falta de gratitud por lo que tenemos."

                                                                                       Daniel Defoe


El dueño de una tienda estaba poniendo en la puerta un cartel que decía: "Cachorros en venta". Como esa clase de anuncios siempre atrae a los niños, de pronto apareció un pequeño y le preguntó:

- ¿Cuál es el precio de los perritos?

El dueño contestó:

- Entre treinta y cincuenta dólares.

El niñito se metió la mano al bolsillo y sacó unas monedas.

- Sólo tengo $2,37. ¿Puedo verlos?

El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió una perra seguida por cinco perritos, uno de los cuales se quedaba atrás. El niñito inmediatamente señaló al cachorrito rezagado.

- ¿Qué le pasa a ese perrito? -preguntó.

El hombre le explicó que el animalito tenía la cadera defectuosa y cojearía por el resto de su vida. El niño se emocionó mucho y exclamó:

- ¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!

Y el hombre replicó:

- No, tú no vas a comprar ese cachorro. Si realmente lo quieres, yo te lo regalo.

El niñito se disgustó y, mirando al hombre a los ojos, le dijo:

- No, no quiero que usted me lo regale. Creo que vale tanto como los otros perritos, y le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2,37 ahora y cincuenta centavos cada mes, hasta que lo haya pagado todo.

El hombre contestó:

- Hijo, en verdad no querrás comprar ese perrito. Nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros.

El niñito se agachó y levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda, retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo:

- Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda.

El hombre se mordió el labio y, con los ojos llenos de lágrimas, dijo:

- Hijo, espero que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú.

En la vida no importa quiénes somos, sino que alguien nos aprecie por lo que somos, nos acepte y nos ame incondicionalmente.


Extraído del libro "La culpa es de la vaca"

EL REGALO

              (...) No seas como la mayoría, que se mueren esperando su oportunidad y se pasan la vida                   diciendo: "es que no me ha llegado la mía".
                                                                                            Hector Tassinari

Un chico había nacido con una enfermedad que no tenía cura. A sus 17 años, podía morir en cualquier momento. Siempre había permanecido en casa, al cuidado de su madre, pero estaba harto y decidió salir solo por una vez. Visitó muchos almacenes y, al pasar por uno de música, vio a una jovencita primorosa de su misma edad. Fue amor a primera vista. Abrió la puerta y entró sin mirar nada que no fuera ella. Acercándose poco a poco, llegó al mostrador donde se encontraba la chica, que lo miró y le dijo, con una sonrisa:

- ¿Te puedo ayudar en algo?

Él pensó que era la sonrisa más hermosa que había visto en toda su vida. Sintió deseos de besarla en ese instante. Tartamudeando, le dijo:

- Sí, eeehhh, uuuhhh... me gustaría comprar un disco -y sin pensarlo, tomó el primero que vio y le dio el dinero.

- ¿Quieres que te lo envuelva? -preguntó la joven, sonriendo de nuevo.

Él asintió con la cabeza y ella fue a la oficina, para volver con el paquete envuelto. Lo tomó y se fue.

Desde entonces, todos los días visitaba la tienda y compraba un disco. La muchacha siempre lo envolvía, y él se lo llevaba y lo guardaba en su clóset. Era muy tímido para invitarla a salir y, aunque trataba, no podía. Su mamá se dio cuenta y le dio ánimo, así que al día siguiente él se armó de coraje y se dirigió a la tienda. Compró un disco y, como siempre, ella se fue a envolverlo. Él tomó el paquete y, mientras la joven no lo miraba, dejó su número de teléfono en el mostrador y salió corriendo.

Al otro día, repicó el teléfono de la casa y la mamá contestó. Era la muchacha del almacén, preguntando por su hijo. La señora comenzó a llorar y le dijo:

- ¿No lo sabes? Murió ayer.

Hubo un silencio prolongado, roto solamente por los sollozos de la madre. Días más tarde, la señora entró en el cuarto de su hijo. Al abrir el clóset, se topó con montones de cajitas en papel de regalo. Como esto le causó curiosidad, tomó uno de los paquetes y se sentó sobre la cama para abrirlo. Al hacerlo, un pequeño pedazo de papel salió de la cajita plástica. Era una nota que decía: "¡Hola! Estás muy guapo. ¿Quiéres salir conmigo? Te quiere, Sofía".

Con emoción, la madre abrió otro paquete, y otro, y otro, y al hacerlo encontró muchas notas; todas decían lo mismo con distintas palabras.

Así es la vida: no espere demasiado para decirle a alguien especial lo que siente. Dígalo hoy: mañana puede ser muy tarde.

Extraído del libro "La culpa es de la vaca"

sábado, 13 de septiembre de 2014

IGUALES PERO DIFERENTES

              "Hay una gran diferencia entre: hacer lo posible y
               hacerlo posible."
                                                           (Anónimo)



Están los que usan siempre la misma ropa.
Están los que llevan amuletos.
Los que hacen promesas.
Los que imploran mirando al cielo.
Los que creen en supersticiones.
Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas.
Los que siguen jugando cuando se acaba el aire.
Los que siguen luchando cuando todo parece perdido, como si cada vez fuera la última vez.
Convencidos de que la vida misma es un desafío.
Sufren.
Pero no se quejan.
Porque saben que el dolor pasa.
El sudor se seca.
El cansancio termina.
Pero hay algo que nunca desaparecerá, la satisfacción de haberlo logrado.
En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos.
En sus venas corre la misma sangre.
Lo que los hace diferente es su espíritu.
La determinación de alcanzar la cima.
Una cima a la que no se llega superando a los demás.
Sino superándose a uno mismo.

Cuando intentamos aprender algo o cambiar algún comportamiento para lograr una meta, la sensación que nos da es de incomodidad, ya que el cerebro necesita de tiempo y práctica para aprender y hacerlo una parte integral de nuestro ser, y es entonces que la incomodidad desaparece. Por lo tanto la clave está en la constancia.

Esa incomodidad que sentimos cuando estamos practicando el aprendizaje del nuevo comportamiento, es la que hace que muchos claudiquen antes de darle el tiempo necesario al aprendizaje, o sea, a la práctica de lo que estamos tratando de aprender. No importa si se trata de aprender a jugar cartas o un nuevo comportamiento que nos ayude a lograr una meta.


Hay diferentes etapas durante el aprendizaje de algo nuevo:
La primera es la "incompetencia inconsciente", esto es cuando no sabes hacer algo y no lo sabes conscientemente.

La segunda es la "incompetencia consciente" que quiere decir que estás intentando aprender y te das cuenta de que eres aún incompetente al hacerlo.

La tercera es la "competencia consciente", cuando ya sabes hacerlo, pero aún tienes que poner atención para hacerlo correctamente. Estás consciente de que ya sabes hacerlo, pero aún no se ha convertido en un comportamiento habitual.

La cuarta y última etapa es la "competencia inconsciente", cuando ya aprendiste a hacerlo y ni siquiera tienes que pensar conscientemente en ello para efectuarlo. Es cuando ya se ha convertido en un comportamiento habitual.

Pasamos por estas cuatro etapas en todo lo que aprendemos, a caminar, a leer y escribir, a andar en bicicleta, a conducir un automóvil, etc. Es muy importante tener esto presente a la hora en que quieras aprender a hacer algo nuevo o trabajar para cambiar algún hábito o comportamiento que no te esté dando los resultados que deseas.

Mucha gente se da por vencida cuando se encuentra apenas en la segunda etapa, la incompetencia consciente. Ahí es cuando se desaniman y piensan que no son buenos para eso o que nunca van a poder aprenderlo. "No tengo la habilidad", "no soy bueno para eso", "en realidad no creo que me sirva", son las frases que se dicen a si mismos para empezar a justificar el hecho de dejar de intentarlo. Es en esta etapa donde nos sentimos incómodos con lo que estamos tratando de aprender y como no nos gusta sentirnos incómodos, dejamos de intentarlo. La clave está en insistir, en ser constante hasta lograrlo.

Cuando te sucede esto es que estás saliéndote de los límites de tu "zona de comodidad", y lo tienes que tener presente en todo momento para no fracasar en tu intento. Sí, es incómodo, y estarías más a gusto si vuelves a los límites donde te sientes a gusto, pero también te sentirías mal por haber fracasado.

Si de verdad quieres hacer cambios en tus comportamientos y hábitos, tienes que comprender y asimilar estas cuatro etapas, para tener la perseverancia de continuar aún cuando te sientas incómodo con el nuevo comportamiento, porque solamente con la práctica lograrás que el cerebro lo asimile, y comprenda que eso es lo que deseas hacer de ahora en adelante, y deje a un lado el comportamiento anterior.

Se nos hace difícil intentar cambiar algún hábito que no nos está ayudando a salir adelante, sino que al contrario, nos está deteniendo para lograr metas más importantes. Cuando tenemos, por ejemplo el hábito de comer entre comidas, lo cual es perjudicial no solo para nuestra salud sino que también nos impide mantenernos en el peso ideal para nuestro cuerpo, nos agobia siquiera pensar en hacer el intento de quitarnos ese hábito y aprender uno nuevo, por la incomodidad que esto representará durante algunos días o semanas.

Si tienes un deseo intenso de cambiar algo en tu vida, comienza a hacer los cambios necesarios para lograrlo y aférrate a ese nuevo comportamiento durante por lo menos un mes. Si dejas de hacer lo que te está perjudicando durante un mes y le superpones el nuevo hábito que quieres adquirir, borrarás definitivamente el comportamiento previo.

Hay maneras de ayudarte a ti mismo en los momentos difíciles de un cambio de hábito. Prepárate con letreros en los lugares que más frecuentes en tu hogar y una tarjeta que lleves contigo en tu cartera o bolso, donde escribas una frase que te recuerde que estas incomodidades son pasajeras y que una vez que logres llegar al otro lado del puente no solo ya no te sentirás incómodo sino que al contrario, mejorará tu autoestima por haber logrado el éxito en lo que te propusiste además de haber aprendido el nuevo comportamiento dejando atrás el anterior.

Cuando un bebé comienza a caminar, observamos como su persistencia lo empuja a intentarlo una y otra vez hasta lograr primero ponerse de pie. Obviamente al intentar en ese momento dar un paso cae, y sin embargo no se dice como nos decimos los adultos: "Seguramente esto no es para mí, yo no valgo para esto de caminar así que gatearé toda mi vida" ¡De ninguna manera!, un bebé lo seguirá intentando sin detenerse, hasta lograr caminar como el ve que los demás lo hacen.

La diferencia entre un bebé que está intentando aprender algo nuevo y un adulto en las mismas condiciones, es que el adulto tiene muy desarrollado el crítico interior que no le permite seguir adelante insistiendo hasta lograrlo. Ese crítico interior es el que más duramente nos trata haciéndonos pensar que no somos lo suficientemente buenos para lograrlo. En un próximo capítulo hablaremos sobre nuestro crítico interior y las formas en que podemos lograr que se convierta en un aliado, y nos ayude en cualquier cosa que intentemos en la vida.

Maca Hernandez

CAMBIANDO ALGO!!!


                 "El destino nunca está marcado, nunca depende                    
                  de otros y nunca es definitivo.

                   El destino debe ser siempre decidido en primera

                  Persona"



Un hombre iba caminando al atardecer por una playa desértica. 

Mientras caminaba, divisó a otro hombre a lo lejos. Al acercarse, notó que el lugareño se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. 

Una y otra vez lanzaba cosas al océano.


Cuando nuestro amigo se acercó más todavía, vio que el 

hombre recogía estrellas de mar que se habían clavado en 

la playa y una por vez, las iba devolviendo al agua.

El hombre se sintió confundido. Se acercó y dijo:

-Buenas noches, amigo. Me pregunto qué está haciendo.

-Devuelvo estas estrellas de mar al océano. Ve, en este

momento, la marea está baja y todas estas estrellas 

quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se 

mueren aquí por falta de oxígeno.

-Ya entiendo- respondió mi amigo -pero ha de haber miles 

de estrellas de mar en esta playa. Es imposible agarrarlas a 

todas. Son demasiadas. Además, seguramente esto pasa 

en cientos de playas a lo largo de toda la costa. No se da 

cuenta que no cambia nada.

El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar 

para arrojarla de nuevo al mar y respondió: - ¡Para ésta sí cambió algo!



Decide donde quieres estar dentro de un tiempo para poder 

marcar una ruta, siempre puedes cambiar de idea, de 

camino, de estrategia, pero nunca llegara ese destino si 

no te atreves a desearlo. Una actitud derrotista que 

considera que el tiempo decidirá, solo te hace caminar en 

círculos sobre ti mismo, cambiara todo, tu físico, tu 

entorno… pero tú no dejaras de estar en el mismo sitio de 

siempre, queriendo formar parte de una vida que no es la 

que tienes.


No culpes al destino de no darte lo que mereces, la vida no es justa, al menos para quien nunca va a buscar lo que considera que merece. Ser conformista puede ser tu destino, pero solo si te encargas de que así sea.

“Si el final no es bonito, sólo significa que no es el final” y ahí está la clave en continuar, debemos aprender de cada momento, comprender que si así no hemos logrado lo que queremos debemos intentarlo de otro modo, cambiar de ruta o de estrategia, pero nunca abandonar, ese es el único fracaso que nos merecemos, sino luchas por lo que quieres nunca lo tendrás.

Las prioridades cambian, y con ello nuestros actos y nuestras decisiones, pero siempre que estés siendo coherente con lo que buscas en ese momento, vivir merece la pena. Es bueno que busquemos un para que en nuestros actos, está claro que son muchas las ocasiones en las que nos encontramos con elecciones en las que tenemos que decidir, entre malo y peor, en ese momento solo queda postergar el éxito al futuro y considerar que elección probabiliza más que alcance el destino que ahora tengo en mente.

El destino nunca debe estar atado a algo material, o a otra persona que no seas simplemente tú, por supuesto que es viable tener como meta vivir para lograr algo, pero ¿qué sucede cuando se consigue? Debemos permitirnos ser ambiciosos, querer lograr cosas nuevas continuamente, pero cuando se trata de cosas materiales, siempre ambicionamos más, y eso nunca nos permite disfruta de lo que tenemos en el presente.


La felicidad es más fácil de conseguir cuando establecemos el destino como un camino y no como una meta



¿Qué camino quieres llevar en la vida? El destino no debe estar atado a ser padre, sino a ¿Qué clase de padre quiero ser? A tener un oficio concreto sino a ¿Qué clase de trabajador quiero ser? O a tener amigos, lo que nos hace felices es sentir que soy la persona que quiero ser. ¿Cómo alcanzar este destino? Es simple, coordina tu comportamiento con lo que quieres llegar a ser, y antes de lo que piensas ya serás una persona con la que te sientes cómodo.

No hay nada más difícil que vivir sin estar orgulloso de lo que eres, si te encuentras en este punto en cualquier ámbito de tu vida, coge las riendas del destino y cámbialo, es simple sólo hay que hacerlo, por muy complicado que resulte, puestos a sentir malestar que sea a cambio de acercarme a algo que realmente me importa.

Son muchas las cosas que no están bajo nuestras decisiones, nuestra nacionalidad, nuestro sexo, nuestra raza, enfermedades determinadas por nuestra genética, nuestra familia, nuestra cultura, nuestra orientación sexual o nuestros miedos.Pero siempre podemos elegir como vivir con todo ello, esto nos condiciona, pero nunca nos determina, siempre tenemos algo que aportar al destino con nuestra forma de afrontar las circunstancias.


No justifiques la resignación, acepta las barreras y continúa tu viaje.


AHORA O NUNCA

Un hombre tiene que escoger. En esto reside su fuerza: en el poder de sus decisiones.

                                                           Paulo Coelho

Un rico hacendado coleccionaba caballos y sólo le faltaba uno de determinada raza.
Un día se dio cuenta que su vecino tenía éste determinado caballo, así que trató día tras día de convencerlo de que se lo vendiera hasta que por fin lo consiguió.
Un mes después que hiciera la compra el caballo enfermó y llamó al veterinario quien le dijo “su caballo tiene un virus y es necesario que tome este medicamento por tres días consecutivos, luego de ese tiempo veremos si ha mejorado, si no lo ha hecho entonces no queda mas remedio que sacrificarlo”. Un cerdito escuchaba la conversación.
Al día siguiente después que el veterinario le dio el medicamento al caballo y se fue, el cerdito se acercó a el y le dijo “¡fuerza amigo! ¡levántate de ahí sino vas a ser sacrificado!”.
Al otro día luego que el veterinario le dio el medicamento al caballo y se fue, el cerdito nuevamente se acercó a éste y le dijo “¡vamos mi gran amigo! ¡levántate sino vas a morir!, ¡vamos, anímate, yo te ayudo!”.
Al tercer día el caballo recibió su medicamento y el veterinario al no ver gran mejoría en él le dijo al hacendado “probablemente vamos a tener que sacrificarlo mañana porque puede contagiarle el virus a los demás caballos”.
Cuando los dos hombres se fueron el cerdito se acercó al caballo y le dijo “¡vamos amigo es ahora ó nunca! ya no queda más tiempo ¡ánimo! ¡fuerza! yo te ayudo… vamos…uno, dos, tres…despacio…ya casi…eso es…eso es… ahora corre despacio… mas rápido… fantástico… ¡lo lograste amigo! ¡corre! ¡corre! ¡venciste campeón! ¡¡¡Bravoooo!!!
En eso regresa el hacendado dispuesto a sacrificar al caballo y lo ve corriendo y dice “¡milagro, milagro…! el caballo mejoró… ¡hay que hacer una fiesta!…


Es ahora o nunca. ¡Cuántas veces vinieron a nuestra mente estas palabras!... Decisiones importantes en la vida, oportunidades que se presentaron y no quisimos dejarlas escapar... ¡Ahora o nunca! Tristemente recordamos también momentos en los que no nos decidimos, y nuestra propia indecisión significó perder la oportunidad. "El hombre nunca sabe lo que ha de traerle el futuro", Muchas veces nos equivocamos; por no hacer lo que debíamos hacer o por hacer más de lo que debíamos, el caso es que no siempre las cosas salen bien. Es difícil saber tomar decisiones. Es más difícil saber lo que es justo en cada momento. Es mucho más complicado actuar o dejar de actuar en cuanto a lo que es trascendente de cara a nuestro futuro. Y sin embargo, hay un pequeño secreto: Buscar en todas nuestras decisiones lo que es más importante, lo que es más esencial. No dejarnos llevar por circunstancias o luces de colores. ¿Entiendes?... Muchas veces lo que más brilla, la mayor comodidad, nuestro propio provecho o el orgullo de hacer nuestra propia voluntad pesan más en nuestra decisión que aquello que realmente importa. Lo que siempre merece la pena es lo esencial. Y no me refiero sólo a la faceta espiritual de las cosas, sino a que te hagas varias preguntas muy sencillas: Lo que vas a decidir ¿Es justo? ¿Hará daño a otras personas de una manera irresponsable? ¿Te ayudará a encontrar verdadero significado como persona? Piensa en ello. No te dejes llevar por lo que es obvio y busca el fondo de las cosas. Agárrate a la comprensión y la sabiduría y deja de lado pequeñas sensaciones interiores (aunque a veces puedan ayudarte) de las que no estás seguro. Busca lo que merece la pena y toma las decisiones importantes con cuidado. Y si necesitas sabiduría (¡Ya lo creo!) pídela al Cielo, porque llegará. Seguro.

lunes, 25 de agosto de 2014

CAER Y LEVANTARSE

                 "Es necesario alternar la reflexión y la acción, que
           se completan y corrigen la una con la otra.
           También para avanzar se necesitan las 2
           piernas: la acción y la reflexión. . .
                                              Antoni Gaudí




Chris Gardner es dueño y gerente de Gardner Rich LLC. 

También es un filántropo que apoya a muchas 

organizaciones.  Además de eso es un orador motivacional, 

y en sus charlas trata los temas sobre como sobreponerse 

los obstáculos y a romper ciclos.


Su historia fue plasmada en su autobiografía llamada "La búsqueda de la felicidad" (The pursuit of happyness), llegando a ser uno de los libros mejor vendidos en 2006.  La historia del libro fue llevada al cine con la película del mismo nombre.

Algunas de las cualidades importantes para Gardner en la búsqueda de mejorar son: positivismo, valentía, tenacidad, disciplina y sentido común.

Nació el 9 de febrero de 1954 en Milwaukee, Wisconsin.  Su niñez estuvo marcada por la pobreza, la violencia doméstica y el alcoholismo.  A pesar de estas circunstancias, Gardner, con la ayuda de su madre, logro salir adelante.
Las finanzas era un campo atractivo para él, sin embargo no poseía contactos ni un grado académico para optar a los programas.  Esto no lo detuvo y aplico a varios programas en firmas de corretaje de bolsa, arriesgando vivir casi con nada mientras aprendía y teniendo que mantener a su hijo Chris Jr.  Bajo esas circunstancias, luchó por mantener la custodia de su hijo, ya que penso en no hacerlo pasar por lo que él paso en su niñez sin conocer a su padre.
Después de obtener un puesto en el programa de entrenamiento en Dean Witter Reynolds, Gardner se quedó sin hogar.
Finalmente su esfuerzo se vio recompensado, ya que se convirtió en uno de los mejores Bearn Stearns & Co, para después fundar su propia compañía.

Chris Gardner es una persona comprometida a ayudar a otros, a mejorar el involucramiento positivo de los padres en la niñez de sus hijos, y en ayudar a otros a alcanzar su máximo potencial.

En japón existe el siguiente dicho: "Nana korobi ya oki", que significa "Caer siete veces, levantarse ocho".  Quiere decir que por muchas veces que en la vida nos caemos por una adversidad, debemos volver a levantarnos y seguir nuestro camino.  La historia de Chris Gardner muestra a un hombre que encontró a lo largo de su vida muchos obstáculos, y en cada obstáculo se volvió a levantar, conocedor de la visión que tenía para su vida y la de su hijo.

Algunas frases sobre caídas y esfuerzo:

"Haz absolutamente lo mejor y mantente persistente"

"Caer esta permitido, levantarse es obligatorio"

"No son los golpes ni las caídas las que hacen fracasar al hombre; sino su falta de voluntad para levantarse y seguir adelante"

"El hombre que se levanta es aún mas grande que el que no ha caído"

"Esfuérzate para ser bueno, y luego trabaja duro para ser mejor"

"No dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Si tienes un sueño, protégelo. Cuando las personas no pueden hacer algo por sí mismas, te quieren decir que tampoco puedes. Si quieres algo, búscalo!"

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

    "No se puede descender dos veces por el mismo río,
     pues cuando desciendo el río por segunda vez, ni yo ni
     el río somos los mismos."

                                                Heráclito.

El hombre nace solo una vez, pero si sufre una gran adversidad y forja su segunda oportunidad, vive dos veces. Y podrá hacerlo si posee o desarrolla algunas fortalezas y valores. Su actitud y la dimensión de su valentía pueden llevarlo a darle un vuelco a su destino, a derrotar sus infortunios. No resignarse, valorar la vida, tener coraje, tenacidad, disciplina, convicción, fe, lo pueden todo.
En el libro Su segunda oportunidad, el periodista Gustavo Castro Caycedo recoge 20 testimonios de hombres y mujeres valientes que después de ser víctimas de graves accidentes, enfermedades, injusticias y otras desdichas, lograron levantarse y seguir adelante y ahora son grandes ejemplos de vida.
Estas historias demuestran cómo el coraje, la disciplina, la fe o la perseverancia pueden convertir lo imposible en algo posible y darle un vuelco al destino. Y por eso usted, como ellos, puede atreverse a cruzar el límite que separa el éxito del fracaso, el triunfo de la derrota, el amor del desamor, la alegría del dolor, o la vida de la muerte, y derrotar la adversidad.
La disciplina es una cualidad fundamental para triunfar. Lo fue para el exministro Fernando Araújo Perdomo, quien duró 2.222 días secuestrado por las Farc. Durante ese tiempo se fortaleció física y mentalmente, con rigor y persistencia. Se preparó y logró afrontar valientemente el riesgo permanente de morir en medio de enfrentamientos armados, bombardeos y muchas otras situaciones dramáticas. Debió huir con la guerrilla en la selva, por zonas pantanosas e inhóspitas y montes enmarañados. Hasta cuando escapó en medio del bombardeo y el ataque de un comando élite.
La certeza de que sucederá lo que se piensa o siente, es el don de la convicción. Ese sentimiento de que iba a salvarse hizo que el sargento Ricardo Quintero García sobreviviera. En octubre de 1982 volaba en el avión Hércules FAC 1003 que se precipitó al océano Atlántico, en la zona del Triángulo de las Bermudas. Tuvo que enfrentar un mar embravecido, con olas de 10 metros de altura. La nave se hundió y el servicio de Guardacostas de los Estados Unidos dijo: “Desaparecieron las esperanzas de encontrar con vida a cinco de sus ocupantes”. Ricardo se salvó a pesar de que vientos de 30 nudos obstaculizaron el rescate. Ricardo dice: “Pedía a Dios y al espíritu de mi madre que me dieran fuerzas. Yo sabía que iba a sobrevivir”.
El coraje es la decisión valiente de afrontar la adversidad y el peligro. El montañista Nelson Cardona Carvajal sacó del alma el mismo valor con el que, cuando niño, se internó en la selva. Doblegó su tragedia a punta de coraje. Indómito, se impuso el reto de conquistar con una sola pierna las siete mayores cumbres del planeta, pues perdió la derecha luego de rodar 18 metros por un abismo y estrellarse contra una roca. Su cuerpo quedó lacerado, los huesos rotos, el alma destrozada y, claro, inhabilitado para hacer lo que amaba: el alpinismo. Pasó meses en una clínica, tenía cinco fracturas maxilofaciales, una de cráneo, otras dorsales, de pelvis, y brazos, y perdió todos los dientes; entonces intentó suicidarse. Pero reaccionó y decidió que le amputaran la pierna dañada y le colocaran una prótesis. Hoy escala las más inexpugnables alturas de la Tierra.
Cuando el ser humano reacciona y aprecia el inigualable valor de la vida, no le importa el precio que deba pagar para conservarla. Y eso le sucedió a Adriana Eslava Botero, pues seguir viva era muy superior a su tragedia. Según ella, “con un solo ojo también se puede expresar el amor profundo”. La hija del torero Pepe Cáceres fue víctima de un atentado en Bogotá, en 1987, meses después de que él murió. Uno de los disparos que le hizo un sicario, “a quemarropa”, le voló el ojo derecho. Según ella: “Fue un gran milagro porque quedé viva. Fue mi segunda oportunidad”. Y ahora recuerda: “Esa tarde, en la Fundación Santa Fe, el oftalmólogo Gabriel Jiménez me dijo: ‘Perdiste el ojo derecho; vamos a tratar de salvar el izquierdo’. Yo respondí: ‘para lo que hay que ver, con un ojo basta. Lo importante es que estoy viva’”.
La decisión firme de lograr algo sin desfallecer, obra milagros. El médico Gustavo Londoño Gamboa decidió recuperar su independencia. Una noche salía de la clínica y recibió varios disparos que lo dejaron parapléjico. Pero luchó persistentemente para superar las consecuencias de este percance. El suyo es un ejemplo de valor e independencia. Hoy pertenece al grupo más selecto de los cirujanos de estética y reconstrucción. Él dice: “La enseñanza comenzó con el psiquiatra Javier León, quien mejor entendió ese momento. Me dijo: ‘Mire, la cabeza le quedó buena para bien o para mal… para que salga adelante o para que se acabe de hundir”. Persistió y volvió a operar, a pilotar un avión y a querer la vida, gracias a su persistencia y al amor por sus hijas, que siempre lo alentó. “Era esa opción o resignarme a una cama”. Hizo caso omiso de su discapacidad: quería vivir.
Bien dicen que la fe mueve montañas. Cristina Gaitán de Huertas reconstruyó su vida y renació con el amor de Dios y el de su familia luego del espantoso accidente de carretera en el que perdió a Ernesto, su esposo, y a sus hijos Juancho, María Cristina y José Pablo. La salvaron su fortaleza interior y la fe en Dios. Cuando sus hijos Tico y Marce (que sobrevivieron como ella) iban a verla al hospital, semiinconsciente, se preguntaba a sí misma: “¿Por qué vienen solos? ¿Por qué no están con su papá y con sus hermanos?”. Hoy Cristina dice: “Reafirmo mi fe en el Señor porque Él me permitió esta segunda oportunidad: la comunión de almas con mis hijos, sus cónyuges y mis nietos”.
                                   GUSTAVO CASTRO CAYCEDO